Niñxs perdixs dejen de llorar por su hogar en llamas
Dejen de quejarse por todo lo que les arrebataron antes de nacer
Y por todo lo que hace parte y no, de sus abstractas existencias
“ODIAMOS” la ciudad, ¿pero cuando correremos al bosque? 
Sufrimos la desconexión de otrxs y de nosotrxs mismxs 
Pero no cambiamos las prácticas para re unificar la comuna
Niñxs perdidxs corran al bosque y no vuelvan sin encontrarse,
Niñxs perdidxs tenemos la rabia, las garras y los dientes ¿qué esperamos?
¿Cuánto tiempo más lloraremos sentadxs junto a las cadenas?
En la ciudad no hay ojos que comuniquen, que se encuentren,
Que compartan sin una referencia previa que avise que el otro que soy yo mismx, no es peligrosx. 
En la ciudad no hay lugares para el amor comunitario, abierto, sincero, incondicional, gratuito.
¿cómo puedo amarme sin amar a otrxs?
¿cómo puedo amar a otrxs sin amarme?
¿cómo podemos amar-nos sin reconocernos?
¿cómo podemos vivir sin amor?
Griten estas preguntas y las grandes ciudades 
Les cobraran el eco, sin dar respuesta.
Tienen derecho a estar dolidos, pero no a solo lamentarse con ruido, destilados y fermentos como paliativos temporales para no sentir la náusea, pero aun así vomitar el asco de una vida no vivida.
Una realidad no real.
Dejemos de amenazar lloronamente que “robaremos” nuestra vida
A ver si alguien contesta a nuestras lamentables e inútiles manipulaciones de adolescentes depresivxs, que solo quieren atención y reconocimiento a lo diferentes que son de otrxs diferentes.
Huyan de la ciudad o acepten que no son niñxs
Porque lxs niñxs juegan, experimentan, crean y se divierten.